
Lucía Ribelles es interiorista y diseñadora industrial. Firma, entre otros, el Ático Madrid Río, una vivienda de obra nueva que transformó sin reformas ni cambios de distribución. Con ella inauguramos Conversaciones, la sección de La Descubierta dedicada a las personas con las que trabajamos.
Has diseñado casas en estilos muy distintos, a veces con plazos cortos. ¿Qué te ha enseñado eso?
Sobre todo, a no enamorarme de un estilo concreto. Cada casa y cada cliente necesitan algo distinto. Intento siempre empatizar con el cliente para entender cómo se va a vivir ese espacio antes de decidir cómo quiero que se vea. También me ha enseñado a trabajar con mucha agilidad. Con plazos ajustados tienes que priorizar y decidir rápido, sin perder la coherencia del proyecto.
¿Y qué se mantiene en todos tus proyectos, cambie o no el estilo?
Intento que todo tenga un porqué. No me interesa llenar una casa de cosas bonitas porque sí. Primero pienso en cómo se va a usar cada espacio y en qué necesita esa persona o esa familia. Después viene la parte estética. Una casa puede ser muy bonita, pero si no funciona para quien vive en ella, para mí el proyecto está incompleto.


¿Qué es lo que más transforma una casa sin tocar un solo tabique?
Una buena distribución, el mobiliario, la iluminación y el color. Con eso puedes cambiar por completo cómo se percibe y cómo se utiliza un espacio. El mobiliario puede ordenar y aportar almacenaje, y la iluminación termina de construir la atmósfera. El color también tiene muchísimo poder. Puede cambiar cómo percibimos las proporciones de un espacio o darle profundidad. A veces basta con ajustar el color o incorporar una pieza especial.
¿Qué aporta un mueble diseñado para un espacio concreto?
Que está pensado para ese espacio y para esa forma concreta de vivirlo. Puede resolver cosas que uno estándar no resuelve, como el almacenaje, las proporciones o la circulación. Y permite que el mueble forme parte de la arquitectura del espacio.


¿Hay algún objeto cotidiano que te parezca perfectamente resuelto?
Precisamente por ser diseñadora industrial, sé que existen. La aceitera de Marquina, un clip, una cafetera Moka, un bolígrafo Bic, incluso una lata de aluminio. Son diseños que con los años apenas han necesitado cambiar, porque resolvieron bien una necesidad desde el principio. Me interesa mucho esa idea de diseño que no necesita reinventarse constantemente.
¿Y qué echas en falta cuando empiezas a diseñar una casa?
Soluciones pensadas para el día a día. Muchas viviendas tienen bien resuelta la distribución, pero cuando piensas en cómo se va a vivir aparecen pequeñas necesidades. Dónde dejar lo que usamos a diario, cómo ocultar lo que no queremos tener a la vista. Un buen proyecto tiene que anticiparse a esas situaciones y resolverlas de forma natural.
¿Nos cuentas un ejemplo de alguna de esas situaciones que hayas resuelto?
Una casa grande, con dos adultos y tres niños, y la necesidad de mantener los espacios recogidos y despejados. En la terraza diseñé un armario a medida que escondía la lavadora, la secadora, el tendedero, el fregadero, el escobero, un cajón para la ropa sucia y un armario para los enseres de limpieza y la plancha. Todo dentro de un armario que no le restaba nada, a nivel estético, a esa terraza.
En la entrada, el armario era el básico que ponen las constructoras para dejar los abrigos, pero con tres niños había muchos zapatos que esconder. Instalamos cuatro estantes para zapatos atornillados al interior de la puerta del armario, y así la entrada quedaba despejada. Hasta conseguimos instalar una puerta para que el Ratoncito Pérez entrara y saliera cada vez que tenía que llevarse un diente.
