
Un ático de obra nueva en el centro de Madrid, con buena luz y planta funcional, pero sin personalidad propia. Sin tocar la distribución ni acometer ninguna reforma, el interiorismo de Lucía Ribelles le dio la vuelta por completo. Recorrimos este proyecto de principio a fin, desde la primera conversación hasta su llegada a prensa.

El encargo llegó a Lucía con una premisa clara: convertir un ático de obra nueva de 150 m² en el centro de Madrid en un hogar para una familia con hijos, sin tocar la distribución original ni acometer ninguna reforma. El piso ya tenía buena orientación, luz natural abundante y una planta funcional. Faltaba, según Ribelles, ese punto de calidez y personalidad que lo hiciera sentir un hogar para vivir en familia. Todo el cambio se resolvió desde el interiorismo: materiales, mobiliario, iluminación y piezas elegidas a medida en cada estancia.

La zona de día se plantea en planta abierta, con un suelo de madera continua que une cocina, comedor y salón. La cocina queda delimitada por un frente de armarios en negro mate, con una isla de encimera de efecto mármol blanco como centro del espacio: taburetes de cuero cognac y tres lámparas colgantes en forma de embudo, en terracota mate, marcan el contrapunto de color. La mesa de comedor en madera maciza reúne sillas en verde oscuro bajo lámparas trenzadas en fibra natural, y el salón cierra el conjunto con un mueble bajo que integra televisión y chimenea lineal de cristal, diseñada expresamente para el espacio.

La terraza, de 50 m² y conectada al salón mediante un cerramiento acristalado, fue el mayor reto del proyecto. Un espacio amplio que corría el riesgo de sentirse vacío o saturado se organizó en tres ambientes con función propia: comedor exterior, zona lounge y un armario a medida que integra el lavadero sin robarle protagonismo al conjunto. Hoy es, según la propia diseñadora, uno de los espacios que más disfruta la familia.

Las dos habitaciones infantiles fueron de los espacios que más disfrutó desarrollar Ribelles, con el reto añadido de convencer a sus jueces más exigentes: los hijos de la familia. La primera combina zona de descanso y estudio bajo un papel pintado de lunares, con cama de madera, estantería y una pizarra con forma de casa. La segunda se organiza en torno a una litera con escalera integrada y dos escritorios abatibles que se pliegan por completo para liberar espacio de circulación.


En el dormitorio principal, el cabecero se resuelve con un panel de listones finos de madera natural sobre dos paños en azul pizarra, rematado por un espejo circular de marco artesanal hecho con piezas de madera superpuestas. Completan la vivienda unos baños en gris con mobiliario suspendido y un pequeño despacho con dos puestos de trabajo.


Todo el peso de la transformación recayó en el interiorismo: en la selección de cada material y cada pieza a medida, con un objetivo declarado desde el principio, que el resultado siguiera teniendo sentido con el paso del tiempo. La mejor prueba de que lo consiguió llegó de los propios protagonistas, cuando los hijos de la familia vieron la casa terminada y dijeron que era la casa más bonita del mundo.

| Proyecto | Ático Madrid Rio, vivienda de obra nueva de 150 m² más 50 m² de terraza, en Madrid |
| Autoría | Lucía Ribelles, interiorismo |
| Intervención | Transformación integral desde el diseño de interiores, sin reforma ni cambios en la distribución original |
| Por qué importa | Todo el peso del cambio recae en materiales, mobiliario y piezas a medida, con la voluntad de que el resultado no dependa de las modas pasajeras |
| Contexto | Encargo de una familia con hijos que buscaba un hogar acogedor y práctico, con la terraza como principal reto del proyecto |
| Nuestro trabajo | Reportaje fotográfico de 36 imágenes, presskit bilingüe (español e inglés) para su distribución internacional, y gestión y envío a publicaciones especializadas |
| Créditos | Fotografía: Xermán Peñalver. Presskit: Xermán & Alina, La Descubierta. |
