DEPÓSITO DE AGUA DE LA REBOLLÁ

El incremento de la actividad minera transformó las cuencas asturianas durante el primer tercio del siglo XX. La llegada de nuevos trabajadores y la expansión de los núcleos industriales hicieron imprescindible ampliar las infraestructuras de abastecimiento de agua. En ese contexto, el ingeniero Ildefonso Sánchez del Río Pisón proyectó el depósito de aguas de El Correor, en La Rebollá (Mieres, Asturias), construido entre 1932 y 1937.

La planta es semicircular y se adapta a la ladera sobre la que se asienta, a diferencia del modelo circular completo empleado en Villapendi. Esta implantación aprovecha la topografía para integrar un depósito de gran capacidad en el paisaje. Arcos de 28 metros de luz se apoyan sobre una estructura nervada de hormigón armado, que sostiene delgadas láminas del mismo material que conforman la cubierta. El cuerpo perimetral se subdivide radialmente en torno a un núcleo central sobreelevado de planta poligonal, la cámara de llaves, que además actúa como elemento resistente frente a los empujes de la cubierta.

Sánchez del Río ensayó este modelo en el IV Depósito de Aguas de Oviedo, durante su etapa como ingeniero municipal entre 1924 y 1941, y lo trasladó después a distintos emplazamientos asturianos, adaptando cada versión a las condiciones del terreno. Esa concepción de la estructura como un sistema replicable marcaría buena parte de su trayectoria posterior: en 1941 fundó, junto con Luis Sánchez-Guerra, la constructora Dragados y Construcciones y, un año más tarde, creó Río Cerámica para producir en serie sus propias patentes estructurales.

El depósito representa una etapa clave en la investigación estructural de Sánchez del Río. En él perfeccionó un sistema de nervaduras y láminas de hormigón armado capaz de cubrir un volumen de gran diámetro sin apoyos intermedios, combinando economía de material con una geometría claramente legible. En un momento especialmente fértil para la ingeniería española del hormigón armado, esta obra demuestra una búsqueda propia, basada en la optimización estructural y en la estrecha correspondencia entre forma y función. Esa línea de investigación, desarrollada en Asturias a partir de infraestructuras destinadas a resolver necesidades muy concretas, alcanzaría una de sus expresiones más depuradas tres décadas después en la cubierta laminar del Palacio de los Deportes de Oviedo.

El depósito de La Rebollá es una sólida pieza de la red de infraestructuras que articuló las cuencas mineras durante el siglo XX. Frente a obras más conocidas, permanece en un segundo plano, aunque constituye un testimonio fundamental para comprender tanto la evolución del pensamiento estructural de Sánchez del Río como la capacidad de la ingeniería para transformar el territorio mediante soluciones donde la estructura resuelve el problema técnico y define también la arquitectura y el entorno.

Obra Depósito de aguas de La Rebollá (Asturias), construido entre 1932 y 1937
Autor Ildefonso Sánchez del Río, ingeniero de caminos
Estructura Arcos de 28 metros sobre nervaduras de hormigón armado, sin apoyos intermedios
Por qué importa Un modelo pensado para repetirse. Sánchez del Río lo ensayó primero en Oviedo y lo llevó después a distintos puntos de Asturias.
Contexto Respuesta urgente al crecimiento de las cuencas mineras a principios del siglo XX, y ejemplo temprano de ingeniería industrial pensada como sistema replicable, no como obra única.
Créditos Fotografía: Alina Banta.
Artículo: Xermán Peñalver