
Fismuler dio mucho que escribir a la prensa de diseño.
Este es el reportaje fotográfico que Xermán Peñalver, fotógrafo de arquitectura e interiores de Luzestudio, realizó en el local por encargo de Arquitectura Invisible, estudio autor del proyecto junto a la interiorista Alejandra Pombo. Son las imágenes que se publicaron en su día y que, años después, siguen apareciendo en los medios.


El local de Sagasta 29 partía de condiciones poco favorables. Era un semisótano de 420 m² bajo un edificio con más de un siglo, con un acceso estrecho, ventanas que dejaban pasar poca luz, pasillos que se ramificaban entre aseos y huecos, dos salones al final de unas escaleras y techos bajos. Allí había funcionado Arturo, un restaurante que los arquitectos asocian con la opulencia de los años de la burbuja. Redruello y Zumárraga, chefs de Fismuler, buscaban lo contrario: cocina de alto nivel a precios contenidos, con una carta corta de platos para compartir, inspirada en la cocina nórdica que conocieron en un viaje por Europa.

Para llevarlo a obra se formó un equipo con Arquitectura Invisible, la interiorista Alejandra Pombo y Pingpong Arquitectura. Antes de proyectar se inventarió todo lo existente: patios, tabiques, nichos, techos, molduras, pavimentos y mobiliario. Solo se retiró lo que carecía de función, y buena parte de lo conservado se incorporó al diseño. Los escombros y restos del restaurante anterior se enviaron a una planta de reciclaje.

La operación de mayor calado fue ganar luz natural. Se reabrieron vanos en los muros de carga, lo que comunicó estancias hasta entonces independientes, y las ventanas originales, de vidrio translúcido y subdivididas, se sustituyeron por paños fijos de vidrio aislante con carpintería mínima. Los arquitectos cifran en un 40% el aumento de entrada de luz natural. Las ventanas retiradas tuvieron segunda vida dentro de marcos metálicos, en puertas, ventanas de patio y divisiones de los aseos.





Desde la calle se desciende por rampas que salvan los distintos niveles, entre los muros de carga que delimitan el itinerario. El orden de las estancias es bodega, cocina, salas y patios. Las mesas se fabricaron con maderas de demolición y las sillas son piezas que se restauraron para recuperar su aspecto de hace décadas.

El servicio funciona de manera poco habitual. Un mueble de apoyo abierto a los clientes, llamado NObarra y sin barra convencional, sirve para preparar en el propio comedor aperitivos, entrantes, bebidas y postres. Las mesas más próximas a la cocina llegan hasta el pase, de modo que cocineros, camareros y comensales comparten un mismo ámbito.









| Proyecto | Fismuler, restaurante en un semisótano de un edificio de más de cien años. |
| Autoría | Arquitectura Invisible, en colaboración con la interiorista Alejandra Pombo. |
| Colaboradores | Isabel Muñoz Cano, Pingpong Arquitectura e Ion Gestión Edificación |
| Ubicación | Calle Sagasta 29, Chamberí, Madrid |
| Superficie | 420 m² |
| Intervención | Renovación y adaptación del espacio a las necesidades de un restaurante contemporáneo. Recorrido fluído, cocina integrada en el comedor y mobiliario recuperado. |
| Sostenibilidad | Reutilización de materiales y mobiliario, uso de madera y acabados de suelos y paredes con barnices de origen vegetal. |
| Nuestro trabajo | Reportaje fotográfico del restaurante, encargado por Arquitectura Invisible. |
| Créditos | Fotografía: Xermán Peñalver, La Descubierta. |
