Vegaviana: lo esencial

En 1954, el Instituto Nacional de Colonización impulsó la transformación de las tierras de secano del noroeste de Extremadura en zonas de regadío. El cambio se realizó a través de un nuevo paisaje agrícola diseñado para fijar población en el medio rural.

En Vegaviana (Vegas del Alagón, Cáceres), el arquitecto José Luis Fernández del Amo fue el encargado de proyectar una ordenación adaptada a la topografía. El núcleo habitacional planificado aquí se convirtió en un referente de la arquitectura española del siglo XX.

En 2018, iniciamos un trabajo de campo centrado en la arquitectura vernácula y la ordenación urbana.

Coincidiendo con el debate sobre las supermanzanas, la peatonalización de los cascos históricos y la configuración de espacios de encuentro frente al modelo de ciudad dormitorio, la visita a Vegaviana permitió comprobar la aplicación temprana de estos conceptos en el ámbito rural.

Nuestra llegada al municipio nos mostró un contraste entre la aridez del entorno agrícola exterior y las zonas verdes naturales de la trama habitada, donde las viviendas abren a pasajes peatonales y plazas interiores arboladas que funcionan casi como patios compartidos.

El trazado urbano: separación de circulaciones y escala peatonal

El plan del poblado distribuye los accesos en dos redes independientes para responder a la dualidad de la habitabilidad y el trabajo agrícola. Las vías perimetrales canalizan el tránsito de tractores, maquinaria y ganado hacia la parte posterior de las parcelas. La trama central reúne los pasajes peatonales y las plazas de acceso a las viviendas. Se ha generado así un entorno urbano libre de ruidos de motor y volcado al encuentro vecinal, al menos para los primeros años de la colonización.

INC, 1959. Actividades del Instituto Nacional de Colonización: Vegaviana, un pueblo ejemplar. Boletín de Extensión Agrícola, n.º 15, 1959.

Técnica constructiva

La propuesta formal del asentamiento se apoya en la reinterpretación de los recursos de la arquitectura popular.
Durante la primera fase del Instituto Nacional de Colonización, la dirección técnica imponía remates ornamentales e impostas de inspiración histórica, como los arcos de medio punto, torres herrerianas, sopartales monumentales. En el proyecto de Vegaviana, Fernández del Amo prescindió de estos elementos para centrar el diseño en la piedra local blanqueada a la cal. La estructura combina la mampostería de pizarra con dinteles de hormigón armado visto. Esta decisión redujo el transporte de insumos desde el exterior y mantuvo la escala del tejido habitacional tradicional.

Las viviendas organizan la vida diaria alrededor de patios privados que tamizan la luz solar. La mampostería alcanza grosores de entre 40 y 50 centímetros, generando un desfase térmico que retrasa la entrada del calor estival hacia el interior de las estancias.

Las cubiertas se resuelven con teja árabe sentada con mortero sobre tablero de rasilla, apoyado directamente sobre una estructura de tabiques palomeros.

Las plantas de la viviendas muestran estancias alrededor de una o cocina central con función de foco de calor. Cada vivienda contaba con 2 aperturas diferenciadas, una para la familia, hacía la fachada principal y otra para el ganado.

Las pequeñas dehesas entre los grupos de viviendas se perciben como grandes patios compartidos, aún bajo la aridez acusada del clima actual. Hay bancos, sillas y puertas abiertas que lo confirman.

Otro rasgo distintivo de Vegaviana es la presencia de arte contemporáneo integrado en su arquitectura. Al recorrerlo, nos encontramos por ejemplo, con un gran mosaico de azulejos de la fachada de la iglesia, que reproduce una obra del pintor Antonio Rodríguez Valdivieso.


El viento

Al pensar en planificación territorial, tendemos a imaginar una cuadrícula rígida: desde los ensanches históricos de Cerdá o Castro, hasta desarrollos residenciales más recientes como Montesol en Cáceres o El Cañaveral en Madrid. Fernández del Amo observó que en los pueblos de retícula ortogonal, las calles rectilíneas actuaban como canales de ventilación forzada, que en invierno aceleraban el aire frío y en verano arrastraban el polvo y el calor del campo directo al interior del pueblo.

En el valle del Alagón, los vientos dominantes durante los meses de verano proceden del suroeste (brisas cálidas y secas), mientras que en invierno el viento del norte (la brisa de la sierra de Gata) enfría las calles.

Por este motivo, el trazado de Vegaviana presenta quiebros ligeros en las alineaciones de fachada. Esta geometría fragmenta las perspectivas visuales, reduce la incidencia del viento en las calles y escala el espacio público a la medida del peatón. La renuncia a la trama rectilínea responde a las razones bioclimáticas y topográficas expuestas por el propio Fernández del Amo en la revista Informes de la Construcción (Vol. 9, Nº 83), donde justificó la adaptación de la planta a las brisas y al arbolado preexistente.

La construcción del registro visual: de Kindel a la documentación de 2018

La repercusión internacional de Vegaviana estuvo ligada a su difusión fotográfica. En la VI Bienal de São Paulo de 1961, el jurado otorgó la Medalla de Oro en la sección de Planeamiento Urbanístico a los poblados de Fernández del Amo.

La producción visual sobre la arquitectura del periodo tiene en Joaquín del Palacio «Kindel» un referente directo. Kindel, fotógrafo en plantilla del organismo estatal desde 1946, registró las calles de Vegaviana mediante encuadres contrapicados y exposiciones de alto contraste entre la superficie clara del enlucido y las sombras de los dinteles. Esta labor documental cumple un papel análogo al trabajo de Lucien Hervé para Le Corbusier. La fotografía definió la percepción exterior de la obra y la consagró como un catálogo de geometría gráfica.

Al entrar hoy en Vegaviana por la carretera CC-150, las referencias de Kindel se muestran delante de inmediato.
El registro fotográfico ha demostrado en numerosas ocasiones dónde reside su valor. Un cuerpo de trabajo visual acompaña la documentación de lo que está pasando y desarolla la narativa. Y años después, aún sostiene su historia.

El mismo año en el que concluyeron las obras, en 1959, Francisco Javier Sáenz de Oíza le dedicó al pueblo estas palabras:
«Ya está el agua, por obra de colonización, abriendo surcos de plata sobre la tierra, ahuyentando de paso a la encina que se refugia en el pueblo de nuevo para, antes de morir, brindar un último servicio al hombre: la sombra beneficiosa y la siesta grata bajo el sol abrasador de esta seca Extremadura. Vegaviana nace con árboles. Es curiosa la estadística para los árboles de París o Nueva York. Vegaviana les gana desde su niñez porque el arquitecto supo, entre encinas y con encinas, levantar una geometría perfecta de casas blancas.»

Nuestro trabajo de registro realizado en el poblado cacereño durante 2018 abordó el estado seis décadas después de su construcción. El estudio de campo anticipó el interés editorial posterior por los asentamientos de la transformación agraria, documentando la evolución de la masa construida antes de la divulgación masiva del patrimonio del Instituto Nacional de Colonización.


Obra Pueblo de Colonización de Vegaviana, Extremadura.
Autor José Luis Fernández del Amo (Arquitecto / INC)
Tipología Planeamiento urbano rural y conjunto residencial y cívico.
Por qué importa Obra clave del Instituto Nacional de Colonización y punto de inflexión en la arquitectura pública del periodo. Catalogada por la Fundación Docomomo Ibérico como referente del Movimiento Moderno.
Contexto Respuesta del Instituto Nacional de Colonización en la década de 1950 para transformar en regadío las Vegas del Alagón y fijar población en el medio rural.
Créditos Fotografía: Alina Banta y Xermán Peñalver.
Artículo: Alina Banta.